9 feb. 2010

Día tras día


Suena el despertador y enfermízamente salto de la cama día tras día hacia el buzón, pero no hallo nada en él que no sean las tan deseadas facturas y la ilegida propaganda publicitaria. Todo menos el ansioso papel amarillo de correos con la notificación que han llegado ya los libros demandados.

Me siento como aquel olvidado general de García Márquez, aunque sin pollo, pero que tampoco alcanzo a recibir lo prometido. Espero que mi espera no se demore tanto como la suya.

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