28 feb. 2010

Manual para aspirantes a generación Ni-ni ::: II

el lunes recupérate del fin de semana. cómprate una gorra. coloca la visera de lado. siempre que salgas, lleva el móvil con música máquina. nunca aceptes un curro [siempre te explotarán]. cuélate en el tren. pon los pies sobre los bancos. cuélate en el metro. pon los pies en los bancos. visita a menudo McDonald’s. deja los cartones y papeles en la plaza [a poder ser a pie de una papelera]. los pantalones, bajo las nalgas. las nalgas, bajo unos Calvin Klein blancos. sigue gorreando el tabaco.

25 feb. 2010

Manual para aspirantes a generación Ni-ni ::: I

no te matricules en ningún centro de estudio [y si lo estás ni se te ocurra pasarte por él]. no busques trabajo. niégate si te lo ofrecen o déjalo, si lo tienes. haz caso omiso ante lo que te digan. hazte fuerte en casa de tus padres. sigue pidiendo la semanada. busca una plaza, con banco y/o columpios. reúnete ahí con los colegas. busca quién te facilitará el hachís. no te levantes antes de las once. si te preguntan, di que hoy no hay clase. gorrea el tabaco que fumas.

18 feb. 2010

Náufragos del siglo XXI

Introduje mi mano en el interior del bolsillo del pantalón recién comprado. Mis dedos se toparon con algo extraño: era un papel cuidadosamente doblado. Lo desdoblé con tanta curiosidad como cuidado. Estaba escrito en inglés y con tinta azul:

- S.O.S. Somos unos trabajadores secuestrados –traduje-. ¡Ayúdenos!

Con la sorpresa pertinente, di la vuelta al pantalón y leí su etiqueta con el lema ‘Hecho en China’. Acababa de descubrir los nuevos náufragos del siglo XXI.

15 feb. 2010

Noches de insomnio


Noches de insomnio
retornan al nuevo día,
contemplando al recién nacido
llorar tras suspiros,
jadeos y maullidos.

Noches deambulantes
junto a días somnolientos,
quebando el tiempo
a su voluntad
más arbitraria.

Donde la nana
se hace con el ambiente
embriagándonos a todos
en estados de vigilia.
Vigilia catatónica.

Noches de demanda,
según voluntad como dicen algunos,
de capricho consentido
como creo,
siguiendo una moda banal.

Mientras tanto,
el niño sodomiza a su entorno,
haciendo de la noche
su caballo de tortura.
Su arma de desgaste.

Ya llegarán, espero,
momentos de libertad
donde el reloj adquirirá sentido,
donde la realidad se hará rutina,
y donde la noche, por fin,
dejará de ser incierta.

12 feb. 2010

Mentiras

Cuentos, sueños y excusas
viven en boca del embustero.
Armas de la mentira
y herramienta de embaucador,
que libres suenan en el aire
mientras quiebran esperanzas.
Mientras entierran lealtades.
Y, solas,
lloran antañas confianzas.

9 feb. 2010

Día tras día


Suena el despertador y enfermízamente salto de la cama día tras día hacia el buzón, pero no hallo nada en él que no sean las tan deseadas facturas y la ilegida propaganda publicitaria. Todo menos el ansioso papel amarillo de correos con la notificación que han llegado ya los libros demandados.

Me siento como aquel olvidado general de García Márquez, aunque sin pollo, pero que tampoco alcanzo a recibir lo prometido. Espero que mi espera no se demore tanto como la suya.

6 feb. 2010

El sonido del miedo ::: 3

Recuerdo la última carta que mi padre envió a mi madre desde el frente hacía ya un año. Le informaba que su destacamento estaba siendo literalmente machacado por un enemigo muy superior, más en material que en hombres, y del cual era realmente consciente que nada más podían hacer contra aquel ejército nacional que con la ayuda de bombarderos alemanes desmoronaban tanto ciudades como ciudadanos, sin discernir cuál era su papel en aquella fraticida batalla. El destacamento republicano del cual formaba parte, conocía ya que únicamente intentaban poner algún tipo de impedimento. Que el valle del Ebro iba a ser su fin como el mío lo iba a ser esta celda. Sabían que estaban destinados a una derrota segura. Allí todos se sabían cadáveres –mi padre así se lo hacía saber a mi madre en la misiva-. Sólo era cuestión de tiempo en que el ejército republicano debería claudicar o morir en la batalla. Mi madre me leyó aquella carta, con sus ojos rojos bañados en un río de lágrimas. El nos anunciaba entre líneas que jamás lo volveríamos a ver. Ni vivo ni muerto. Y ambos lo supimos desde el mismo momento que leíamos aquellas palabras escritas de su puño y letra. A partir de entonces, creo que más con el corazón que con la cabeza decidí que debía ser yo ahora quien debía ir al frente. A luchar contra el monstruo fascista. A vengar la muerte de mi padre. Por el amor que tenía a mi padre. Siempre hay cosas que se hacen porque el corazón así te lo dicta. Siempre he creído importante actuar según los designios del corazón, dejando al margen lo que una mente racional te aconseja. Cuánta y cuánta gente está muriendo por un país y por unos ideales, únicamente porque su corazón se lo indica. Y yo, mañana mismo, voy a ser otro más en una lista infinita. Tanto por un bando, como por otro. Formando parte de unos figurantes imprescindibles para representar una tragicomedia indecente, mediante la cual se iba a tratar de transformar un dantesco escenario por otro mucho más idealista, para unos hijos ya huérfanos, a quienes el guión les ha dado la oportunidad de tenerlos, incluso para los privilegiados que los pudieron ver crecer. A tantos muchos como yo, que ni tan sólo pudimos verlos nacidos.

La carta de mi padre funcionó como el resorte que me hizo decidir que iba a ser yo quien iría al frente a sustituirlo en la inmundicia de las trincheras. En la lucha por una ideología ininteligible y por la que no entiendo cómo puede llegar a dividir tanto a un mismo pueblo hasta alcanzar la tesitura de matarse por algo, que sólo presuntamente, se dice mejor. Y seguramente lo será para sólo unos pocos.

Mi ignorancia y mi corazón me lanzaron a un incomprensible frente. Y los otros harán que no regrese jamás. Y mi madre volverá a recibir otra última carta. Y la leerá, esta vez en la soledad de un frío hogar. Un olvidado hogar. Bajo los recuerdos que fuimos capaces de regalarle tanto mi padre como yo. Y múltiples recuerdos que seguro le volverán a venir a la memoria. Y ríos de lágrimas que volverán a brotar de aquellos grandes ojos verdes, teñidos nuevamente al rojo, entre la sombra de un insomnio mal curado y un dolor exacerbado.

Seguía con aquel cruel sonido manchando mi mente y del que ya jamás seré capaz de huir.

Para aquel entonces, yo habré cambiado el sobrecogedor sonido de la puerta metálica cerrándose tras de mí, por el estruendo frontal de las armas del pelotón de fusilamiento de los verdugos, y del que ya jamás seré capaz de huir.

4 feb. 2010

Dolores compartidos

Trato de abrazarte mientras tus llantos atenazan mis entrañas. Unos llantos que te exprimen, unos llantos que sodomizan a tus padres. Qué difícil es sentirse buen padre cuando oyes a tu bebé llorar, cuando te sientes impotente para calmarle ese invisible dolor. Un dolor que para nada se diluye en él sino que te traspasa el alma mediante su punzante angustia.

Y no sabes hasta cuándo se harán presentes esos malditos cólicos. Marcan tres meses y sólo una solución inoperante que te arrastra a pensar si la fecha también será falsa. Sólo queda esperar que bien sea cierta, que bien se adelante.

Mientras tanto, lo único que nos queda es llorar contigo, Pol, deseando traspasarnos tu dolor a nuestro más magullado rostro.

3 feb. 2010

El sonido del miedo ::: 2

Mis ojos comenzaban a acostumbrarse a la penumbra de aquella fría celda mientras sus intimidades se aparecían frente a mí. Aparte de la ventana, extremadamente elevada para impedir que nadie pudiese asomarse en ella durante más tiempo del que aguantasen sus brazos anclados en los gruesos barrotes oxidados, y un camastro totalmente desmadejado, comenzó a aparecer la imagen de una letrina en la otra esquina de la habitación. De allí provenían los fuertes olores de orines y heces que invadían aquel pasillo. En medio de la celda, comenzó a surgir una robusta biga de hierro que parecía colocada ahí, caprichosa, con la única función de ayudar a los presos a lograr la baja voluntaria de aquella putrefacta pensión.

Sobre aquellas paredes, más sucias que la tez de un carbonero, lograban discernirse los diferentes nombres de algunos de los presos que por allí habían pasado en los últimos meses, o quizás los años en los que llevábamos de lucha, algunas rubricadas con las fechas del momento en que fueron plasmadas, a modo de epitafio. Me acerqué a la pared para leer aquello que se encontraba escrito en ella. Era un abominable “Arriba Franco, caudillo de España” y que nadie había osado tachar, como si este alojamiento hiciese perder cualquier ideología o convicción por lo que había luchado a quien se hospeda. Como si todo por lo que hubiera sufrido y por lo que fuese a morir frente al batallón careciese de cualquier importancia. Nada importa ya cuando alguien alcanza habitar una de esas celdas.

Me estiré sobre el viejo camastro. Un monstruoso animal rugiendo parecía engullirme en lo más profundo de sus fauces, el nuevo ruido se sobrepuso al terrible golpe del portón, el cual seguía manteniéndose presente en el trasfondo de mi cerebro. El chirrido de muelles fue difuminándose también y poco a poco fui capaz de tener algunos recuerdos de otras cosas significativas, que durante aquel año en el frente, me habían sucedido y que como consecuencia de ellas, que han sido las responsables de hacerme madurar como persona. ¡Qué situación tan triste la mía! Ahora, que creo que puedo declararme una persona madura a costa de todo lo que un muchacho de diecinueve años como yo ha vivido, y a la que la experiencia de una guerra por unos extraños ideales, y de los cuales todavía no comprendo claramente, y que creo que jamás alcanzaré a comprender por muchos años que pueda subsistir. A pesar de las vivencias que te ofrece un cruel frente militar; ahora, justamente ahora, llego al fin de mi existencia. Una existencia corta. Una existencia intensa.

Sobre el camastro, me ha vuelto a mi mente el momento en el que decidí alistarme con las milicias republicanas para luchar contra un ejército sublevado desde África, como si nuestra capacidad humana pudiera ser superior a la capacidad bélica de los militares dirigidos por el general Franco. Nuestra participación en ella estuvo desahuciada desde un principio y el grado de sufrimiento venía determinado por el tiempo que hacía que las personas nos hallábamos en el frente, como ante todo a las familias, tanto el bando republicano como en el nacional. Mientras dure la lucha, no lograremos escapar del sufrimiento en el que nos hallamos inmersos desde hace casi tres años.

¿Y porqué no la V.O.?

Pues yo no estoy de acuerdo con el doblaje al catalán de la mitad de películas que se proyectan en los cines. Esta es una nueva cacicada de un gobierno que parece que quiera salir del gobierno habiendo dejado una herencia sin plantearse si esta sería buena o no.

Pienso que el catalán deberá fomentarse desde la base (veo bien la docencia en catalán, el aumento de horas lectivas de esta lengua, incluso imponiendose al castellano), pero esto del cine creo que no es nadar en buena dirección.

Yo soy más de la opción de la subtitulación de los filmes (en catalán o en castellano) y dejarlas en la versión original, sean del idioma que sea. Nunca me han gustado las películas ni en castellano (evidentemente menos en catalán), pero jamás he tenido la opción de verlas en su idioma original (a menos que no me desplace expresamente a ciertos cines de Barcelona).

Y me pregunto, ¿ahora lo harán con los libros que se venden en las librerías? Mejor no dar ideas...

1 feb. 2010

J. D. Salinger

Esta semana ha fallecido a los 91 años Jerome David Salinger (“El vigilante entre el centeno”). Tras la fama obtenida por esta obra, se convirtió en un eremita y siguió escribiendo -según dijo- para sí mismo.

Ahora, veremos si sus hijos deciden publicar aquello que Salinger prefirió silenciar. Seguro que más de uno tendremos curiosidad por alguno de estos libros “casi prohibidos”.

Descanse en Paz.