3 abr. 2010

Casi todo es superfluo

Recuerdo cuando el tiempo valía oro, cuando los sueños forjaban nuestros cuerpos, cuando otras tierras nos miraban, cuando encumbrábamos nuestra alma. Recuerdo que siempre dibujábamos promesas en el aire, cuántas veces hablábamos de futuro como si el ayer buscase al mañana, como si la noche construyera el siguiente día.

Ahora lo veo claro a través de mis lentes. Ahora veo cómo el recuerdo se ha hecho ya vivencia.

Sólo ahora soy capaz de ver, de sentir que todo con lo que he soñado y deseado, todos mis recuerdos han sido superfluos. Todo ha sido un escenario banal en el que he construido una hermosa vida donde mi sueño ha sido mi realidad. Una realidad no gratuita, todo ha tenido su esfuerzo aunque éste jamás sea superfluo.

Todo en la vida es superfluo excepto el esfuerzo para lograrlo.

Bueno, todo realmente no. Todo menos esa limpia sonrisa desdentada con la que bañas a tus padres de vez en cuando. Todo menos esos lloros con los que te presentas, con los que nos pides, exigiéndonos sin demora. Todo menos esos sonidos guturales de los que ansiamos oír pronto un mamá o un papá. Todo menos esos pañales sucios transformando tu hedor, en el olor más maravilloso del mundo.

Tan sólo ESO no es superfluo.

Nada de ti es superfluo, mi niño. Sólo tú nos resultas imprescindible, pequeñín.

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